sábado, 8 de febrero de 2014

¡Ven, día!


Aquí estas,
abriéndote paso hacia mí,
trepando por mis pies,
haciéndome cosquillas
como un niño alegre e impetuoso
que viene a despertarme.
Podría dormir un rato más,
pero te arrojas sobre mí
con entusiasmo desbordante,
con fuerza irresistible,
arrollador.
No quieres que continúe en la cama,
perezoso y solitario.
Y al fin comprendo que vienes
cargado de riqueza incalculable.

¡Ven, día!
Dame la mano.
Confío en ti.
Sé que has venido a traerme
ilusión,
alegría
y amor.

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