miércoles, 6 de mayo de 2015

El orgullo


Una vez instalado en tu interior
el orgullo se pone las zapatillas
de andar por casa,
se sienta cómodamente en el sofá
y si tiene el estómago vacío
grita para que lo alimentes.
El orgullo hace lo que le apetece,
sabe que es el que manda.
Se encuentra tan a gusto
que aunque se le muestre la salida
se niega a marcharse
y bajo ningún concepto
quiere dar su brazo a torcer.

Antes de que sea demasiado tarde
intenta ahuyentarlo
con estas poderosas palabras:
perdón, disculpa.
Aunque quizá, una sonrisa,
un apretón de manos
o un abrazo
sea todo lo que haga falta.

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