jueves, 8 de septiembre de 2016

La vida del poema


El poema necesita que alguien le escuche.
Si alguna persona se detiene frente a él,
comienza a hablarle
como si se conocieran de toda la vida.
Hay gente que se muestra comprensiva
y escucha en silencio, sin moverse
y los hay que no entienden nada
y se van alejando disimuladamente
o se marchan sin más
porque quieren que el poema
les deje en paz.
Al poema no le importa.
Solo quiere encontrar a alguien
con quien compartir sus angustias
o sus arrebatos de alegría,
alguien que quiera escuchar
sin darle la espalda.

Así se pasan la vida los poemas,
esperando que alguien se acerque
para empezar de nuevo.

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