martes, 22 de septiembre de 2015

Era una noche hermosísima


Era una noche hermosísima,
de una belleza perfecta.
Me salió al paso insinuante
y me quedé inmóvil,
como petrificado.
Se acercó lentamente a mí
y me sentí desnudo
ante su mirada lujuriosa.
Aspiré su aroma
y no pude hacer nada,
salvo permitir
que deslizara sus sombras
sobre mi piel.

La noche me dominaba,
me tenía rendido, entregado.
Inútil intentar alguna objeción.
De nada servía oponer resistencia
al abrazo de sus tinieblas.
Su oscuridad recorrió todo mi cuerpo
deleitándome, complaciéndome,
excitándome…
Una noche extraordinaria
de ardiente placer.

Cuando terminó
la deje ir.
Tampoco intenté retenerla.

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