jueves, 3 de septiembre de 2015

La vieja escuela


Los alumnos rezongan
sin causa ni motivo
y miden sus fuerzas
con la infinita paciencia del maestro.
No quieren aprender,
rehúsan todo conocimiento
desprecian la sabiduría
y son inmunes al racionalismo.
Los hay que se atreven a preguntar
esto de qué me sirve
y no quieren tragarse la lección:
repite de memoria,
que ya lo entenderás
y siempre queda algo.

La escuela para ellos
es como el potro de tortura
y entran en clase
como quien entra en prisión
y se sabe destinado al suplicio.

El paso de los años borrará sus penas,
suavizará el desastre.
Podrán al fin agradecer
las enseñanzas que no hayan olvidado
y aplaudir la ardua tarea
de aquellos que hicieron cuanto pudieron
por que no fueran unos ignorantes.

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