domingo, 16 de agosto de 2015

A medida que pasa el tiempo


A medida que pasa el tiempo,
que la transformación ocurre,
ya no me veo a mí mismo,
veo solo a un hombre que sueña despierto.
Desdoblado,
penetro en mi propio pensamiento
y contemplo su corriente.
Es extraño,
porque me veo sano y contento
y comprendo
que solo es una imagen de mí.
En tu pecho
también anidan el dolor y la tristeza
las espinas de una vida dura,
el niño bueno que tiene miedo,
que necesita la ternura maternal
y la protección paterna.
La confusión
y la sensación de peligro
se conservan aún en ti.
Y te agazapas con sus gritos.

Te preguntas
que hubieses hecho
si hubieses estado allí,
ahora que eres grande
y ya no tienes miedo,
ahora que eres consciente
de tus posibilidades.
Entonces lo acojo,
lo meto en la cama
con sus juguetes,
lo arropo
y le digo que todo va a ir bien.
Yo estaré a su lado.

Andando, andando
el mundo va dando vueltas.
¡El prodigio de vivir!
Confío en mí.
Me abro a la vida y al amor.
Hago las paces conmigo mismo.
Y he aquí
que ya no siento que disimulo.
Solo que existo.

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